lunes, 28 de julio de 2008

48 - 49 Sobre heroes y tumbas

Todo había sido inexplicable. Con ella nunca se sabía, se encontraban en lugares tan absurdos como el hall del Banco de la Provincia o el Puente Avellaneda. Y a cualquier hora: a las dos de la mañana. Todo era imprevisto, nada se podía pronosticar ni explicar: ni sus momentos de broma, ni sus furias, ni esos días en que se encontraba con él y no habría la boca, hasta que terminaba por irse. Ni sus largas desapariciones. "Y sin embargo - agregaba - ha sido el periodo mas maravilloso de mi vida". Pero el sabía que no podía durar porque todo era frenético y era, ¿se lo había dicho ya?, como una sucesión de estallidos de nafta en una noche tormentosa. Aunque a veces, muy pocas veces, es cierto, parecía pasar momentos de descanso a su lado como si estuviera enferma y él fuera un sanatorio o un lugar con sol en las tierras donde ella se tirase al fin en silencio. O también aparecía atormentada y parecía como si el pudiese ofrecerle agua o algún remedio, algo que le era imprescindible, para volver una vez más a aquel territorio oscuro y salvaje  en que parecía vivir.

- Y en el que yo nunca pude entrar. 

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