jueves, 12 de julio de 2007

adoramus te christe

las mañanas de lluvia en la sala, escuchando música,
es magia. es toda la dulzura que desconosco ...

gracias por todo.



fácil es cantarte a ti y no fingir mis sentimientos (8)

... se tu mi paz... (8)

viernes, 6 de julio de 2007

subterraneo musical

Extrañar, y nostalgiar el subterraneo todo lo que "Lilium" pueda soportar.
Más que " caresse sur l`ocean"
son sus manos, el piano, su mirada fija en la mia, perdida en la musica de su piel a la tecla exacta, hipnotizando, capturando, moviendo cada pieza con sutil transparencia.


se que me ves.

domingo, 1 de julio de 2007

Maritornes

La asturiana, la cual, en camisa y descalza, cogidos los cabellos en una albanega de fustan, con tácitos y atentados pasos, entró en el aposento donde los tres alojaban en busca del arriero; pero apenas llegó a la puerta cuando Don Quijote la sintió, y sentándose en la cama a pesar de sus bizmas, y con dolor de sus costillas, tendió los brazos para recibir a su fermosa doncella la asturiana, que toda recogida y callando iba con las manos adelante buscando a su querido. Topó con los brazos de Don Quijote, el cual la asió fuertemente de una muñeca, y tirándola hacia sí, sin que ella osase hablar palabra, la hizo sentar sobre la cama, tentóle la camisa y ella era de arpillera, a él le pareció ser de finísimo y delgado cendal. Traía en las muñecas unas cuentas de vidrio; pero a él le dieron vislumbres de preciosas piedras orientales; los cabellos que en alguna manera tiraban a crines, él los marcó por hebras de lucidísimo oro de Arabia, cuyo resplandor al del mismo sol oscurecía; y el aliento que, sin duda alguna olía a ensalada fiambre y trasnochada, a él pareció que arrojaba de su boca un olor suave y aromático; y finalmente, él la pintó en su imaginación de la misma traza y modo que lo había leído en sus libros de la otra princesa que vino a ver al mal ferido caballero vencido de sus amores, con todos los adornos que aquí van puestos; y era tanta la ceguedad del pobre hidalgo, que el tacto, ni el aliento, ni otras cosas que traía en sí la buena doncella, no le desengañaban, las cuales pudieran hacer vomitar a otro que no fuera arriero; antes le parecía que tenía en sus brazos a la diosa de la hermosura; y teniéndola bien asida, con voz amorosa y baja le comenzó a decir: Quisiera hallarme en términos, fermosa y alta señora, de poder pagar tamaña merced como la que con la vista de vuestra gran fermosura me habedes fecho; pero ha querido la fortuna, que no se cansa de perseguir a los buenos, ponerme en este lecho, donde yago tan molido y quebrantado, que aunque de mi voluntad quisiera satisfacer a la vuestra, fuera imposible; y más que se añade a esta imposibilidad otra mayor, que es la prometida fe que tengo dada a la sin par Dulcinea del Toboso, única señora de mis más escondidos pensamientos; que si ésto no hubiera de por medio, no fuera yo tan sándio caballero que dejara pasar en blanco la venturosa ocasión en que vuestra gran bondad me ha puesto.





Extracto Capítulo decimosexto
"El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha"

Instrucciones para llorar

Instrucciones para llorar. Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.



Julio Cortázar





Mirada

Me has estado torturando. Uno quiere ver a los hombres desde arriba, así se siente omnipotente. Otra quiere observar a su amiga sin que ella pueda verla. Un tipo se regodea imaginándose invisible y uno de sus placeres es espiar por el ojo de una cerradura. Otro imagina el infierno como una mirada que lo penetra todo. En una obra, el infierno es la mirada de una mujer, una mirada que para colmo deben sufrir toda la eternidad.



Abaddón el Exterminador

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