viernes, 1 de abril de 2011
Pelusas y espinas en el alma, que dejan las ausencias injustificadas. Todo lo que nunca dije, por que mi orgullo y ciega estupidez no me permitio reconocer que él tenia razon. El hombre que me enseño que no necesito probar con mi cuerpo para saber que soy capaz de regenerarme, y me enseño a pintar a escribir sin susurrar, sin temor. A quien me mostro la vida de las piedras, en cada idea, en lo que somos capaces de crear. A quien justifico mis atrasos a clases, cuando mamá no quiso disculpar mis faltas. Ella no sabia el amor que habia en esa sala, las caricias puras que solo dan la entrega sincera. Él quebró la asimetria y todos sus espacios como profesor para enseñarme a ser mas humana. Llamadas afectuosas, preocupación, compartir sus historias de vida abrir una parte de su alma, como nunca mi padre quiso para conmigo. El mejor amigo, el mas eterno cariño, la mas autentica dedicación. A Guido Orellana M. con amor y agradecimiento
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