Me desagrada la perdida de cariño hacia mis propios rincones, por sentirlos sutilmente invadidos. Hay visitas que siempre gustan ... pero temo, temo de esos pasos silenciosos e impertinentes de personas no invitadas a la fiesta de nuestras emociones, nimiedades y vulgaridades. Supongo que es el precio de mis pretenciones. La simplesa de regalar un orden inadecuado para letras negras. Cada texto dedicado comienza con las iniciales de un nombre. Cifrando con sensaciones (aveces compartidas) las ideas. No es gran cosa supongo... pero para mi son esos tesoros, esos ex-secretos mal guardados que me hacen sentir el placer de la imperfeccion humana. Tuya y mia.
¿La secreta presencia?
dedicar mas tiempo a los cigarros compartidos*
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