Martín no dijo nada. ¡Cuántas veces se iban a repetir escenas semejantes: ella adivinando su pensamiento y él escuchándola en silencio!. Tenía la exacta sensación de conocerla, esa sensación que a veces tenemos de haber visto a alguien en una vida anterior, sensación que se parece a la realidad como un sueño a los hechos de la vigilia. Y debía pasar mucho tiempo hasta que comprendiese porque Alejandra le resultaba tan vagamente conocida ...
( Y aquellos ojos hondos y ansiosos, aquella gran boca desdeñosa, aquella mezcla de sentimientos y pasiones contradictorias que sospechaban en sus rasgos de ansiedad y de fastidio, de violencia y de una suerte de distraimiento, de sensualidad feroz y una especie de asco por algo muy general y profundo )
Durante mucho tiempo le angustió esa novedad, ese inesperado género de mujer que, por un lado, parecía poseer algunas de las virtudes de aquel modelo heroico que tanto le había apasionado en sus lecturas adolescentes, y, por otro lado revelaba esa sensualidad que él creía propia de la clase de mujer que execraba. Y aún entonces , ya muerta Alejandra, y después de haber mantenido con ella una relación tan intensa, no alcanzaba a ver con claridad en aquel gran enigma; y se solía preguntar qué habría hecho en aquel segundo encuentro si hubiera adivinado que ella era lo que luego los acontecimientos revelaron. ¿Habría huido?
Bruno lo miró en silencio: "Sí, ¿quéhabría hecho?"
Martín lo miró a su vez con concetrada atención y después de unos segundos, dijo:
- Sufrí con ella tanto que muchas veces estuve al borde del suicidio.
"Y, no obstante, aun así, aun sabiendo de antemano todo lo que luego me sucedió, habría corrido a su lado. "
- Me fascinaba - agregó Martín- como un abismo tenebroso.
*pag 20, 22
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